12 noviembre 2012

Robbie Williams, aferrado al trono



Sus idas y venidas han sido mundialmente relatadas, y es que Robbie Williams no encaja en el prototipo de artista convencional. Sus excentricidades, arrebatos e innegable magnetismo escénico le han convertido en un grande del pop del siglo XXI. Y para reafirmar que esa preciada corona le pertenece acaba de lanzar su noveno disco en solitario, Take the Crown (toma la corona). “El álbum se llama así porque quiero luchar contra cualquiera que se interponga en mi camino en el reino del pop. Quiero retener la corona que un día tuve y aún puedo tener”, asegura el carismático showman, de 38 años.
El lanzamiento de su nuevo disco se produce tres años después de su último trabajo, Reality Killed the Video Star (2009), y mantiene los pilares de identidad que han hecho de este inglés de Stoke-on-Trent una figura icónica en medio mundo. “Mi idea fue la de escribir un disco que gustara a mucha gente, un álbum que sonara genial en estadios y a la vez fuera un exitazo de ventas. Y que el gusto del público coincidiera con el mío”, explica a Magazine. Sin embargo, para el autor de Angels, la mejor canción de los últimos 25 años según los oyentes dela BBC, el reto creativo que supone cada nuevo álbum permanece inalterado. “Todos los artistas que llevan bastantes años de carrera, o que al menos yo conozca, son muy competitivos. Elton John todavía lo es, y estoy seguro de que McCartney también. Y ambos han escrito algunas de las canciones más grandes de la historia de la música. Sin embargo, quieren seguir impresionando, ser vitales y hacerlo bien. Supongo que yo no soy diferente a ellos”, remarca.
Aun así, Williams confiesa que tras 22 años de exitosa carrera su espíritu artístico se mantiene como el primer día. “Sigo teniendo la misma visión de cuando tenía 16 años: componer algo y ser creativo a la hora de entretener a la gente. Afortunadamente, gran parte de mi identidad se ha labrado por el hecho de tener éxito, vender muchos discos y actuar en grandes estadios. Pero sigo teniendo miedo de no cosechar éxito en lo que hago y que todo se vaya al traste”. Nada parece indicar que eso vaya a suceder con el primer single de Take the Crown, Candy, un tema compuesto con su compañero en Take That Gary Barlow y del cual ha grabado un alborotador vídeo por las calles londinenses. “Es una canción festiva sobre algunas chicas de hoy en día bendecidas con una buena apariencia, pero sin carisma, personalidad ni encanto”, apunta.
Para un artista como Williams, que persigue el triunfo de forma tan desaforada, en la ecuación de la codiciada fórmula del éxito aparecen dos conceptos –genuino y diferente– que el británico accede a despejar: “No creo que para ser interesante tengas que ser genuino. Sin embargo, para ser diferente… Bueno, esa es la pregunta de los 64 millones de dólares. Puedes diferenciarte por ser excéntrico o por ser único, pero eso no lo puedes aprender, sino que es algo que en todo caso debe ser inherente a ti. Desconozco cómo se puede ser diferente y genuino. Supongo que esos artistas simplemente surgen”.
Williams es un huracán que sacude con fuerza allí por donde pasa, dejando su particular huella igual que los tatuajes que se esparcen por su piel. Siendo adolescente debutó en el grupo Take That, fenómeno de fans y de ventas en los 90. En 1995, Williams abandonó la formación y entró en una debacle personal que intentó apaciguar con drogas y alcohol. Tras rehabilitarse, en 1997 inició su andadura en solitario con Life thru a Lens. Pero quiso el destino que, 15 años después de su marcha de Take That, este apasionado de los ovnis y lo paranormal se reencontrara con sus “hermanos”. Así, en el 2010 se produjo la ansiada reunión, que se concretó en el álbum Progress y se prolongó con una gira, la mayor de la historia en el Reino Unido. “La gira fue un éxito tremendo, pero después yo quería regresar con un disco masivo en solitario”, apunta Williams, quien no descarta otra colaboración con la banda que lo encumbró hacia el Olimpo del pop. De todas formas, es evidente que en las dos últimas décadas la industria musical ha sufrido un giro copernicano. Las redes sociales, YouTube, iTunes y Spotify han insuflado otro modo de aproximarse a la música que ha propiciado que artistas sin apenas bagaje pero con un apoyo masivo en internet hayan puesto en jaque a tótems del sistema. “¿Justin Bieber? Vaya, me había olvidado de él”, apunta con fina ironía. “Esa es una batalla perdida. La dimensión actual de Bieber es algo contra lo que no puedes luchar”. ¿Disculpe? “Él puede ser el nuevo príncipe, pero yo seré el rey viejo. Así pues, seguiré siendo el rey”, enfatiza Williams, a quien le faltó tiempo para presentar en sociedad mediante Twitter a su primogénita, Theodora Rose, nacida de su matrimonio con la actriz Ayda Field. “Estoy seguro de que Teddy me influirá muy positivamente en la música, aunque aún no sé cómo”, comenta con ternura Williams, que dice haber sentado la cabeza tras años de excesos etílicos. Y para rematar, este apasionado del fútbol, que reconoce que “el fútbol que practica el FC Barcelona es una de las cosas más bellas del planeta”, vaticina: “En diez años me veo mucho más gordo, habiendo dormido muchísimo más y fumándome un gran puro. Y seguramente tomando un buen masaje en mi isla privada. Ese es mi objetivo”.

Fuente : http://www.lavanguardia.com  Scans de Nuria